Riesgo idiota: estupidez masculina | Sobaco Global


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Riesgo idiota: estupidez masculina

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Se conoce como riesgo idiota aquél que asumen las personas sin tener una verdadera necesidad de ello. Es propio de la estupidez masculina ya que son muchos más los hombres que las mujeres las que lo practican.

Probablemente por cuestión hormonal es por lo que los hombres son más dados a cometer acciones que ponen en riesgo su vida. Las muertes o lesiones por cosas como conducir temerariamente, peleas por naderías, andar jugando con armas o apuestas peligrosas son muy superiores entre los humanos machos que entre las hembras. 

Cuando a ese gusto masculino por la exhibición de gusto por el riesgo se suma la necedad, la consecuencia suele ser funesta. Es famoso el juego de la ruleta rusa, que consiste en meter una sola bala en el tambor de un revólver, cerrarlo, girarlo y apuntar a la cabeza a ver si dispara o no. 

Pero si ese juego es de necios, aún es mayor la necedad de los que toman una pistola y para comprobar si está o no cargada, aprietan el gatillo mientras apuntan a alguien o se apuntan a sí mismos. Todos los años mueres varias personas por este motivo.

Fue famoso el caso del escritor norteamericano Borroughs. En 1951, durante una juerga con bebida, colocó una manzana sobre la cabeza de su esposa para demostrar su puntería con una pistola. Disparó contra la manzana y le voló la cabeza a la mujer. 

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Mira lo que soy capaz de hacer 
Esa frase suele ser el comienzo de muchas desgracias. Es famoso el caso del polaco Azninski, que estaba con amigos bebiendo cuando de repente uno de ellos dijo que vieran de lo que era capaz: arrancó una motosierra y se cortó los dedos del pie con ella. Entonces, Azninski tomó la motosierra y se cortó la cabeza.

Otro caso fue el Hocking, un jóven inglés que estaba tomando cervezas con sus amigos en un puerto marítimo y de repente apostó con ellos a que saltaba con el coche desde un muelle a otro salvando la distancia que había entre uno y otro. Dicho y hecho se subió a su vehículo, aceleró sobre un muelle  y se estrelló contra el hormigón del otro muelle: murió en el acto.

Destacable es también un alemán muy fuerte que yendo en metro quiso fanfarronear ante sus amigos de su fortaleza diciendo que era capaz de arrancar un cristal de la ventana del vagón. Arremetió contra ella una y otra vez tomando carrerilla hasta que lo consiguió: la ventana salió despedida al exterior pero detrás de ella salió también el fortachón que falleció debido a la alta velocidad que el tren llevaba en ese momento.

La última moda de las apuestas absurdas tiene el nombre inglés de Neck Nomination. Consiste en beber grandes cantidades de bebidas alcohólicas mientras uno se graba para mostrarlo en Internet. El joven Bradley E. se bebió de una sentada una botella de un litro de ginebra. Sus amigos lo contemplaron y después no supieron más de él hasta que cuatro días más tarde fue encontrado Bradley muerto en su casa: había fallecido unos minutos después de su hazaña.

El tunecino Daou Fatnas hizo una apuesta con los amigos a que era capaz de tragarse treinta huevos crudos de una sentada. Cuando ya había ingerido veintiocho huevos comenzó a sentirse mal con un fuerte dolor de estómago y llamaron a una ambulancia pero el hombre murió en ella camino del hospital presa de una indigestión.

Remontándonos al pasado, al siglo XVI, es notorio el funcionario Wan-Fu, que trabajaba para el Emperador de China. Decidió inventar la silla voladora y probarla. Para ello sujetó a una silla cincuenta cartuchos llenos de pólvora y después se ató a ella. Los ayudantes encendieron la mecha y al poco rato aquello explotó y el funcionario y la silla se desintegraron.


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El afán de vanagloria del hombre que trata de demostrar lo "valiente a lo bruto" que puede ser ante otros puede manifestarse de la forma más variopinta y entre las diferentes capas sociales.

Por ejemplo, el Rey sueco Adolfo, del siglo XVII, se jactaba de su gran capacidad para comer. Un día ordenó que le sirvieran un postre tras otro. Cuando llevaba devorados 17 platos de ese postre, murió por indigestión. 


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En fin, espero que esta pequeña miscelanea haya servido de muestra de en qué consiste el "riesgo idiota" al que suelen ser adeptos sobre todo los hombres en una demostración de la estupidez masculina.


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